
En silencio, el martín pescador permanece inmóvil.
No caza.
No huye.
No compite.
Simplemente observa el nacimiento del día.
La naturaleza no celebra el amanecer con ruido ni urgencia.
Lo recibe con presencia.
Como si supiera que cada nuevo día es un regalo que merece ser contemplado antes de ser vivido.
Tal vez por eso este pequeño guardián del muelle, en la ribera de Cuitzeo, parece absorto ante la luz:
porque entiende algo que a veces olvidamos…
🌞 que cada amanecer es una oportunidad
🌿 que la belleza no exige nada
🕰️ que detenerse también es avanzar
En estas fechas, cuando el año se apaga lentamente y la Navidad nos invita al encuentro, quizá valga la pena aprender de él:
hacer una pausa, mirar la luz, agradecer lo vivido y prepararnos para lo que viene.
Que el próximo año nos encuentre así:
contemplativos, atentos…
y con el corazón abierto a la belleza del mundo.
© Amhed Betancourt