Amhed Betancourt · Artista visual
Amhed
Betancourt
Nacido en La Habana, Cuba, y radicado desde hace más de dos décadas en Morelia, México. Su práctica reúne creación pictórica y fotografía desde una misma necesidad: observar, comprender y transformar la relación con aquello que nos rodea.
Una práctica entre contemplación y transformación
AMBETO reúne dos lenguajes que han acompañado distintas etapas de mi vida: la pintura y la fotografía. Aunque cada uno posee sus propios procesos y territorios, ambos nacen de una misma necesidad: observar, comprender y transformar mi relación con aquello que me rodea.
Mi trabajo está profundamente ligado a la naturaleza, la contemplación y a preguntas que me han acompañado durante años sobre la transformación, la impermanencia y esa experiencia íntima de continuidad desde la que observamos un mundo que cambia constantemente.
Origen y formación
Una trayectoria construida desde la experiencia, el estudio, la práctica y una relación continua con la imagen.
La infancia en Cuba
Mi relación con el arte y la naturaleza comenzó temprano. Crecí rodeado de una sensibilidad cercana al mundo natural y desde niño desarrollé una inclinación por observar, dibujar y comprender las formas que me rodeaban.
Los talleres de pintura
Durante la enseñanza primaria dedicaba las tardes a talleres de pintura tradicional. Allí conocí distintas técnicas y la disciplina propia del trabajo artístico; una formación temprana cuya huella continúa presente en mi obra.
La fotografía como lenguaje
Años después, la fotografía se convirtió en una manera de acercarme a la naturaleza y, poco a poco, en una práctica de observación consciente: detenerme, mirar con atención y reconocer la transformación constante de aquello que parecía familiar.
Una mirada en continuidad
Mi trayectoria no ha seguido una línea única ni académica. Se ha construido mediante estudio, experimentación y práctica. Hoy la pintura y la fotografía no son caminos separados, sino dos formas distintas de desarrollar una misma mirada.
Miru
Con el tiempo, mi relación con la imagen se vinculó también a prácticas que han influido profundamente en mi manera de observar. Las artes marciales japonesas, el yoga y el acercamiento al pensamiento budista me enseñaron el valor de la atención, la disciplina, el silencio y la presencia.
En mi trabajo, la contemplación no significa pasividad. Es una forma de relacionarme con el cambio. La naturaleza, el cuerpo, las circunstancias y el mundo se transforman continuamente, y esa impermanencia atraviesa tanto mi fotografía como mi obra pictórica.
Me interesa la paradoja de sentir que algo en nosotros permanece consciente mientras todo lo demás cambia, y reconocer al mismo tiempo que la mente encuentra un límite cuando intenta observarse a sí misma.
Dos lenguajes, una misma mirada
La fotografía y la creación pictórica ocupan lugares distintos, pero ambas nacen de la necesidad de observar con atención y transformar esa experiencia en imagen.

Obra
En la creación pictórica la realidad puede alterarse, adquirir nuevas reglas y convertirse en un espacio para explorar identidad, conciencia, memoria e impermanencia.
Explorar Obra
Fotografía
En la fotografía busco acercarme al mundo tal como se presenta y permitir que la luz, el tiempo, la atmósfera y la naturaleza revelen algo que ya estaba allí.
Explorar FotografíaLa fotografía me permite encontrar.
La obra me permite transformar.
Dos formas distintas de mirar, desarrolladas desde una misma experiencia y una misma pregunta por aquello que cambia, aquello que permanece y la manera en que somos conscientes de ambos.